Los Comités de Bioética de España y Portugal analizan el uso excesivo de Tecnologías Digitales en la Infancia y la Adolescencia

La presidencia, vicepresidencia y miembros de los Comités de Bioética de España y Portugal en la presentación del informe en Lisboa.

17/04/2026

 

Un nuevo informe elaborado conjuntamente por el Comité de Bioética de España (CBE) y el Consejo Nacional de Ética para las Ciencias de la Vida de Portugal (CNECV), analiza, desde el punto de vista ético, cómo puede impactar en la salud infantil y adolescente un uso excesivo de las tecnologías digitales. Las recomendaciones de ambos comités se habían presentado y debatido el pasado 5 de marzo en Lisboa, y hoy se ha publicado la versión completa del informe en español.

Ambos comités señalan en su informe que el manejo de estas tecnologías debe desarrollarse en un marco de condiciones adecuadas de seguridad y privacidad.

La evidencia muestra que la tecnología digital ya no es algo externo a la vida de niños, niñas y adolescentes, sino un entorno que puede favorecer su desarrollo o generar riesgos si está mal diseñado o regulado. Los usos excesivos, descontrolados o sin supervisión -sobre todo cuando hay pérdida de control y deterioro funcional- se asocian de forma consistente con posibles problemas de salud mental (ansiedad, síntomas depresivos, desregulación emocional, alteraciones de la autoimagen), problemas físicos (dolor musculoesquelético,
fatiga, trastornos del sueño) y dificultades en el desarrollo cognitivo y socioemocional (déficit de atención, problemas de lenguaje en edades tempranas y cambios en los circuitos de recompensa e inhibición en contextos de uso problemático). Además, el uso parental incorrecto de dispositivos puede interferir en la atención y la calidad de la interacción padres/madres-hijos/hijas, afectar al bienestar en la infancia y adolescencia, debilitar el vínculo y reducir la capacidad de regulación emocional y cognitiva en la vida diaria.

El impacto de la tecnología digital no depende solo del tiempo de uso, sino del cómo, cuándo y con quién se usa la tecnología: influyen el contenido, el propósito, el contexto, la mediación adulta y las vulnerabilidades previas. Por ello, no hay base sólida para imponer límites rígidos y uniformes centrados solo en minutos de pantalla, ya que incluso pueden generar efectos adversos como aislamiento o aumento de desigualdades. La respuesta ética no pasa ni por demonizar la tecnología ni por aceptarla acríticamente: hay que asumir que puede aportar beneficios reales (conexión, aprendizaje, creatividad, participación), pero que éstos dependen de condiciones adecuadas de seguridad, privacidad y diseño, entre otros factores.

El enfoque debe centrarse en fomentar resiliencia digital y mediación parental activa, con rutinas de protección (incluyendo espacios y momentos libres de pantallas), priorizando diversas cuestiones: la detección e intervención precoz ante signos de uso problemático; la organización de la vida diaria para proteger sueño, actividad física, juego e interacción, con reglas sencillas y coherentes en casa y en la escuela; y la exigencia de entornos digitales más seguros por defecto, con menos diseño manipulativo y mayor protección y transparencia.

Proteger a la infancia en el entorno digital es una responsabilidad colectiva que implica al estado, las empresas, la sociedad civil, los sistemas educativos, sanitarios y de servicios sociales, y finalmente a las familias y a los propios jóvenes, y el informe ofrece un amplio listado de recomendaciones para todos ellos.

El objetivo de este informe es promover una infancia y adolescencia protegidas en el ámbito digital, con salud, y con vínculos y aprendizaje guiados por criterios de calidad, seguridad y justicia.

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